Memoria

Vigilia por Malvinas: cómo es el evento anual que honra a los veteranos

A orillas del mar, una tradición de memoria nació de “cinco locos” y hoy es el corazón del sentimiento soberano argentino.

Vigilia por Malvinas: cómo es el evento anual que honra a los veteranos

Cada 1 de abril, cuando el sol cae sobre la ciudad de Río Grande, el viento del Atlántico Sur se convierte en un compañero de guardia. No es una fecha cualquiera: es el inicio de la Vigilia por Malvinas, una ceremonia que en 2026 cumple su 31° aniversario y que ha transformado a esta localidad en la Capital Nacional de la Vigilia.

Lo que hoy es un evento multitudinario que convoca a miles tuvo un origen humilde y casi clandestino.

“Empezó con un tacho con fuego y cinco locos hace más de 30 años”, recuerda con emoción Raúl Villafañe, presidente del Centro de Veteranos de Guerra de Río Grande. En 1995, un grupo de excombatientes decidió que no podían esperar el 2 de abril en sus casas; necesitaban estar cerca del mar, mirando hacia las islas, para sentirse cerca de sus compañeros que “quedaron allá”.

La ciudad se encuentra a pocos kilómetros de las Islas Malvinas y es la ciudad más habitada de Tierra del Fuego. Para los riograndenses, la guerra se sientió más que en cualquier otro lugar de la Argentina continental.

A partir del primer encuentro, comenzó a adquirir características propias: un horario fijo, la ubicación frente a la costa, y la participación de familiares y vecinos. “La gente ha comenzado a entender que esto es una expresión de nuestro compromiso con los que no están”, enfatizó, aclarando que no es un evento político.

Hoy, la conmemoración no se limita a una sola noche. La última semana de marzo, los veteranos levantan la “Carpa de la Dignidad”, un espacio donde reciben a escuelas y turistas para contar su historia. El objetivo es combatir la “desmalvinización”.

“Malvinas no puede ser olvidada. Debemos hablar ahora que estamos vivas, porque cuando ya no lo estemos, ya no habrá quien cuente las historias”, afirma Silvia Barrera, veterana de guerra y una de las instrumentistas quirúrgicas que operó en el Hospital Reales en 1982. Su testimonio resuena en las gélidas noches de Tierra del Fuego, donde el termómetro suele marcar varios grados bajo cero.

Para muchos veteranos, la vigilia es el único momento del año donde el silencio se rompe. Miguel Ángel, excombatiente, relata con crudeza lo que significa recordar: “Pasé interminables horas de la guerra en un pozo de 40 centímetros. Mi vida entera la recorrí más de 500 veces dentro de ese pozo”.

Para él, como para Héctor Hugo Almburger (Clase 62), volver a encontrarse con sus pares en la vigilia es sanador. Héctor recuerda el final del conflicto como un momento de quiebre: “Uno dice: ‘La puta, tanto esfuerzo para nada’. Pero al ver a la gente hoy, uno se siente en paz porque ayudó”.

El punto máximo de la emoción llega exactamente a las 00:00 del 2 de abril. El sonido del himno nacional rompe el murmullo de la multitud, seguido por un minuto de silencio que solo es interrumpido por el estallido de las olas. Luego, se iza la bandera argentina bajo la luz de las antorchas.

Hoy, la vigilia es un “bloque afectivo” que une a generaciones. Entre el humo de la leña de lenga y el agite de los veteranos, la ciudad austral confirma cada año que, mientras haya alguien dispuesto a soportar el frío para recordar, las islas nunca serán territorio olvidado