
En mayo de 2025, Friedrich Merz asumió el gobierno de Alemania con el objetivo de encauzar al país en medio del conflicto Rusia – Ucrania y ante un fortalecimiento de la extrema derecha liderado por el partido AfD. La herencia fue un escenario interno paralizado por su predecesor, Olaf Scholz, cuyo gobierno fracasó por las disputas internas entre los partidos de la coalición.
Un año de después, la interna del gobierno de Merz entre los conservadores de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), la Unión Social Cristiana (CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD), parece también poner en jaque su continuidad. En recientes sondeos, la mayoría de los alemanes creen que el gobierno se disolverá antes de que finalice su mandato. En paralelo, el partido AfD lidera las últimas encuestas electorales, por delante de la CDU, el partido del canciller.
Una de las cartas más importantes para Merz era reforzar su postura anti migración, que en un contexto de avance nacionalista, podría seducir al electorado. Si bien avanzó en estas políticas, el resultado no fue el esperado ya que no refleja su popularidad en las encuestas.
Algunas de las reformas prometidas por Merz quedaron estancadas en el Parlamento, entre ellas, el llamado “otoño de reformas”, proyectado para el segundo semestre 2025, con mejoras en jubilaciones, salud y asistencia social que finalmente no se materializó.
Otra crisis que atraviesa Alemania e impacta en la vida cotidiana es la energética, provocada por un conflicto que lleva 4 años, el de Rusia con Ucrania y actualmente, la guerra contra Irán, impulsada por EEUU e Israel.