Reino Unido

Starmer renuncia y Andy Burnham se perfila como el próximo primer ministro británico

Starmer anunció este lunes su renuncia como líder del Partido Laborista y como jefe de gobierno, apenas dos años después de haber llegado al poder con una victoria electoral histórica. Ahora, el carismático exalcalde de Manchester

Starmer renuncia y Andy Burnham se perfila como el próximo primer ministro británico

El primer ministro británico Keir Starmer anunció este lunes su renuncia como líder del Partido Laborista y como jefe de gobierno, apenas dos años después de haber llegado al poder con una victoria electoral histórica. Su caída abre el camino a Andy Burnham, el carismático exalcalde de Mánchester, como el sucesor más probable.

“Cada decisión que he tomado ha sido para poner primero al país que amo. Por eso voy a renunciar como líder del Partido Laborista. He hablado esta mañana con Su Majestad el Rey para informarle de mi decisión”, dijo Starmer en una declaración televisada frente al número 10 de Downing Street.

Starmer aclaró que permanecerá como primer ministro interino hasta que el partido elija un nuevo líder, y que las nominaciones para reemplazarlo abrirán el 9 de julio. Si no surge ningún rival para Burnham, el nuevo gobierno podría estar en funciones a mediados de julio; en caso de que haya contienda, el nuevo líder será elegido antes del 1 de septiembre.

La renuncia marca una caída asombrosa para un líder que condujo a su partido a una victoria aplastante en las elecciones de 2024, aprovechando el descontento popular contra 14 años de gobierno conservador. Sin embargo, Starmer nunca logró cumplir las promesas de crecimiento económico, reparar los servicios públicos deteriorados ni aliviar el costo de vida, y estuvo trabado por errores repetidos, entre ellos la designación de Peter Mandelson (amigo del condenado por delitos sexuales Jeffrey Epstein) como embajador del Reino Unido en Washington.

Muchos miembros del Laborismo le habían escrito pidiéndole que renunciara tras las elecciones locales de mayo, en las que el partido perdió más de 1.000 escaños en los consejos municipales, resultado interpretado ampliamente como un rechazo al desempeño del gobierno. La gota que rebalsó el vaso llegó la semana pasada, cuando el secretario de Defensa John Healey (uno de los aliados más fieles de Starmer) renunció por desacuerdos en los planes de gasto militar, seguido poco después por el ministro de fuerzas armadas Al Cairns.

Starmer es el sexto primer ministro en una década en salir a las puertas del número 10 de Downing Street para anunciar su partida prematura, y la renuncia se produce el día antes de que el Reino Unido conmemore el décimo aniversario del referéndum del Brexit.

En el plano internacional, Starmer fue elogiado por su rol en movilizar el apoyo europeo a Ucrania en su guerra contra la invasión rusa, y por su trabajo para mitigar la turbulencia económica y política generada por el conflicto con Irán. Ese legado, sin embargo, no fue suficiente para contener el derrumbe interno.

Starmer prometió hacer “todo lo posible” para garantizar “una transferencia ordenada del poder” y se comprometió a dar a su sucesor su apoyo total e incondicional. “Hace seis años, heredé un Partido Laborista que estaba en bancarrota política, financiera y moralmente”, dijo, afirmando que su sucesor heredará “una Gran Bretaña que es mucho más fuerte”.

El desenlace final lo protagonizó Burnham. El exalcalde de Mánchester dejó su cargo y ganó la semana pasada una elección parcial en su circunscripción local (un movimiento necesario, ya que los primeros ministros deben ser miembros en ejercicio del Parlamento), dejando en claro que aspiraba al liderazgo del país.

En su discurso de victoria, Burnham no dejó dudas sobre sus intenciones: “Todo el mundo sabe que la política no está funcionando. Todo el mundo puede sentir que el país no está donde debería. Esta noche podría, simplemente podría, ser el punto de inflexión”.

Starmer pasó el fin de semana sopesando su futuro tras esa victoria de Burnham. La presión interna era ya insostenible.

Burnham, el favorito arrollador

Burnham no había tomado siquiera su acta de parlamentario cuando la presión aplastante dentro del partido precipitó la renuncia de Starmer. El popular político confirmó de inmediato que buscará el cargo más alto.

En un comunicado, Burnham señaló que la renuncia de Starmer “marca el inicio de una transición y es importante que este proceso se lleve a cabo de manera ordenada y responsable. Me presentaré como parte de este proceso”.

El respaldo que recibió fue inmediato y contundente. El exsecretario de Salud Wes Streeting, quien había renunciado al gabinete en mayo, sorprendió a muchos al anunciar su apoyo a Burnham, descartando una candidatura propia. “Fuimos elegidos para cambiar el país, para demostrar que la política puede ser una fuerza para el bien… con Andy, todavía podemos”, declaró.

A lo largo de los últimos años, Burnham se convirtió silenciosamente en uno de los políticos más populares del país. Su personalidad carismática logró eclipsar ciertas contradicciones de su imagen pública, como su insistencia en presentarse como un outsider de Westminster, pese a haber sido investigador parlamentario a los 24 años y diputado a los 31.

Como alcalde del Gran Mánchester, implementó reformas profundas en el transporte público, transformando autobuses y tranvías en un sistema integrado al estilo londinense. Su paso por la alcaldía le permitió mantenerse al margen de las guerras faccionales que consumieron al Laborismo durante el liderazgo de Jeremy Corbyn, lo que hoy lo coloca en una posición menos polarizante dentro del partido.