
Con la licitación para la captación de biogás como punta de lanza, la provincia busca transformar la gestión de residuos en una unidad de negocios millonaria. Actualmente, la ciudad procesa 1000 toneladas diarias que podrían ser la base de este nuevo mercado.
La ciudad de Rosario dio un paso crítico en su agenda de sustentabilidad con un proyecto impulsado por el ministerio de Desarrollo Productivo de Santa Fe, a través de Enerfé, y la empresa Genamex, que busca transformar los residuos en energía, combustibles y una nueva economía regional con inversiones de escala inédita.
Este proyecto no solo busca mitigar el impacto ambiental de los gases de efecto invernadero (como el metano), sino que pretende jerarquizar la gestión de residuos sólidos urbanos mediante tecnología de vanguardia. La iniciativa contempla infraestructura para convertir las emanaciones del vertedero en energía eléctrica o térmica, integrando a Rosario en el circuito global de la economía circular.
El punto de partida es contundente: lo que hoy representa un costo millonario para los municipios —la disposición final de residuos— puede convertirse en una fuente de ingresos y destinar lo que es hoy un gasto en inversión a otras áreas clave como infraestructura.
¿Qué hace hoy Rosario con su basura?
Para dimensionar el cambio, es necesario observar el esquema vigente. Hoy, la gestión de residuos en Rosario se divide en tres ejes operativos:
La mayor parte de las 22,000 toneladas mensuales de residuos domiciliarios que genera la ciudad se trasladan al relleno sanitario de Ricardone. Actualmente, este predio funciona principalmente como un sitio de enterramiento controlado, un modelo que el nuevo pliego busca superar mediante la extracción de gas.
También se entierra basura en la Planta de Compostaje Bella Vista. En este centro ambiental se procesan entre 90 y 100 toneladas diarias de residuos orgánicos. Allí se separan los materiales y se produce compost que luego se utiliza en parques y plazas de la ciudad, evitando que esos desechos terminen bajo tierra.
La ciudad también mantiene una red de contenedores naranjas y centros de recepción para materiales reciclables (plástico, papel, cartón, vidrio y metal), que son reinsertados en el circuito productivo a través de cooperativas de recuperadores.
¿Un “Vaca Muerta” de biomasa?
La escala del proyecto trasciende los límites municipales. Según la visión provincial, Santa Fe posee el potencial para transformarse en un polo energético nacional. El plan estratégico apunta a capitalizar la enorme generación de residuos —tanto urbanos como industriales y agropecuarios— para generar divisas y autoabastecimiento.
“Rosario y Santa Fe tienen la capacidad de convertir su basura en millones de dólares”, señalan los informes sectoriales, subrayando que la infraestructura de servicios y el ecosistema científico-tecnológico local son las piezas clave para liderar esta transición.
Claves del nuevo modelo
El interés de los inversores se sostiene en tres pilares que buscan optimizar lo que hoy es un costo logístico. Para empezar, la generación de energía limpia, con la meta de inyectar electricidad a la red nacional o producir biometano.
Otra meta es la eeducción de pasivos ambientales a través de la neutralización del metano que produce la basura, un gas 21 veces más contaminante que el CO2.
El proyecto además abre la puerta a la comercialización de certificados de reducción de emisiones en mercados internacionales.
Lo que hasta hace poco se consideraba un gasto ineludible, hoy se perfila como una oportunidad de mercado. La coordinación entre el municipio rosarino y la provincia sugiere que, para finales de 2026, el biogás dejará de ser un subproducto invisible para convertirse en un activo estratégico de la matriz energética santafesina.