Aprovechando errores defensivos de su rival, River ganó el clásico en Avellaneda.
Facundo Colidio, que venía de anotar en la goleada con Belgrano, aprovechó el “regalito” de de Marcos Rojo y Sebastián Driussi lo propio con Agustín García Basso para decretar el 2-0 sobre Racing.
Si bien la noche en Avellaneda ya daba señales de que el primer tanto estaba al caer -para cualquiera de los dos lados-, nada hacía prever que se daría en una jugada tan aislada como carente de peligro como la que ocurrió a los 33 minutos.
Es que un lanzamiento en largo en salida del Millonario se convirtió en una pesadilla inesperada para la Academia.
Rojo le ganó la posición a Colidio en la carrera y parecía tener la situación controlada, pero se arrojó al piso a destiempo, falló en el rechazo y la pelota le quedó a Colidio para conducir mano a mano ante la humanidad de Facundo Cambeses.
Con suma frialdad, el delantero, que parece haber recuperado confianza tras meses difíciles, definió con calidad para adelantar a River.
La noche de Rojo ante River -rival con el que ya tenía antecedentes de expulsiones y polémicas por su pasado en Boca- no terminó ahí: en el entretiempo, junto a su entrenador Gustavo Costas, se le fue al humo a Facundo Zunino para reclamarle por su conducción en el clásico y se ganó la amarilla.
Principalmente,el enojo fue porque entendía que había sido penal sobre Cannavo en la acción previa al gol de Colidio. Y todo empeoró: en el complemento le tiró un manotazo a Lucas Martínez Quarta y se llevó la roja.
Con uno menos, la noche se le hizo más cuesta arriba a Racing y, para colmo, siguió la racha de fallas en el fondo: García Basso despejó mal, se la cedió a Driussi y el delantero, en estado de gracia, desparramó defensores y definió con la cara externa del pie derecho para cerrar el 2-0.
El Millonario, desde los resultados y la efectividad, sonríe con Coudet y espera por su partido más deseado: Boca.