
El primer ministro británico, Keir Starmer, resiste por el momento la enorme presión del Partido Laborista para que dimita de inmediato o presente un calendario concreto para hacerlo, en la crisis más grave de su gabinete tras la debacle sufrida por su partido en las elecciones regionales y municipales del pasado jueves.
El gabinete celebró esta mañana una sesión (ordinaria) que prometía ser tormentosa después de que en la tarde-noche del lunes más de setenta diputados laboristas firmaran una carta pidiendo a Starmer su dimisión. Dos pesos pesados del Gobierno -la ministra de Interior, Shebana Mahmood, y Exteriores, Yvette Cooper- se sumaron a estas peticiones para exigirle un calendario de transición.
Incluso una secretaria de Estado, la encargada de Vivienda, Comunidades y Gobierno Local, Miatta Fahnbulleh, presentó minutos antes de comenzar la sesión de Gobierno su dimisión y pidió a Starmer que “haga lo que debe” y siga sus pasos.
Pero Starmer no se amedrenta y su oficina filtró a la prensa las palabras introductorias ante su gabinete: no pensaba dimitir porque eso llevaría al país a una inestabilidad que tendría un coste económico para la población.
“Las últimas 48 horas han sido desestabilizadoras para el Gobierno y esto tiene un coste económico claro para el país y las familias”, advirtió Starmer, que se aferró luego a las reglas del partido para negarse a dimitir: el Partido Laborista -dijo- “dispone de un mecanismo para contestar (la autoridad) de un líder, y no se ha activado”.
Starmer se refería a que el partido establece que un líder deberá dar un paso al costado y convocar primarias si así se lo pide al menos la quinta parte de su grupo parlamentario, en este caso 81 diputados.
Y la BBC llegó a asegurar esta mañana que los críticos sumaban ya 80 nombres -otros medios reducían la cifra a 75-, lo que deja a Starmer en la cuerda floja pese a sus llamamientos a la estabilidad y a que fue elegido con un mandato que debe cumplir hasta el término de la legislatura, en 2029.
¿Cómo se releva un Primer Ministro?
El proceso de relevo de un Primer Ministro en el Reino Unido se fundamenta en su sistema de democracia parlamentaria. A diferencia de los sistemas presidenciales, los ciudadanos no eligen directamente al jefe de Gobierno, sino a sus representantes locales en la Cámara de los Comunes.
Por tanto, cuando un Primer Ministro dimite, no es necesario convocar a elecciones generales; el partido en el poder simplemente debe elegir a un nuevo líder que pueda mantener la “confianza” de la mayoría parlamentaria. Esta doble legitimidad (ser líder del partido y contar con el respaldo de los diputados) es la base constitucional que permite la transferencia del mando.
Bajo las reglas actuales, modificadas durante la conferencia del partido laborista en 2021, el proceso para reemplazar a Keir Starmer comenzaría si este decidiera dimitir o si fuera desafiado internamente.
Para iniciar una competición por el liderazgo mientras el partido está en el gobierno, un aspirante necesitaría el respaldo del 20% de los diputados laboristas (MPs) en el Parlamento. Este umbral es una de las barreras más altas en la historia del partido, diseñada precisamente para garantizar la estabilidad del Primer Ministro y evitar facciones minoritarias intentando golpes de mando internos sin un consenso amplio en la bancada.
Una vez que un candidato obtiene el respaldo necesario de los diputados, debe superar una segunda barrera de validación que es única del laborismo. El aspirante debe conseguir el apoyo de al menos el 5% de las sedes locales del partido (CLPs) o de tres organizaciones afiliadas, de las cuales al menos dos deben ser sindicatos que representen un mínimo del 5% de los miembros afiliados. Este paso es fundamental, ya que refleja la estructura fundacional del partido como una coalición entre el ala parlamentaria, los trabajadores organizados y los activistas de base.
Si tras la fase de nominaciones hay más de un candidato, el Comité Ejecutivo Nacional (NEC) organiza una elección bajo el sistema de “Un Miembro, Un Voto” (OMOV). En esta etapa, el poder de decisión se distribuye entre tres grupos: los miembros individuales del partido, los miembros afiliados (como los sindicatos) y los “seguidores registrados”. A diferencia del sistema de colegio electoral que se usaba antes de 2014, ahora cada voto tiene el mismo peso.
Este proceso garantiza que el sucesor de Starmer no sea solo una elección de la élite de Westminster, sino que cuente con el mandato directo de toda la arquitectura del movimiento laborista.
Dado que Keir Starmer ejerce como Primer Ministro, el ganador de esta elección interna se convertiría automáticamente en el nuevo líder del partido y, por extensión, en el nuevo jefe de Gobierno. Al igual que en cualquier relevo británico, el proceso culminaría con el protocolo constitucional en el Palacio de Buckingham: Starmer presentaría su dimisión al Rey y recomendaría que se llame a su sucesor. Este último, tras el tradicional “besamanos”, regresaría a Downing Street con la autoridad ejecutiva total, sin necesidad de convocar a las urnas hasta que expire el mandato parlamentario de cinco años.