
Jason Arday, de 41 años, fue hallado muerto el 14 de agosto en un domicilio del sur de Londres, apenas nueve días después de renunciar a su cátedra en la Universidad de Cambridge en medio de un escándalo mediático por acusaciones de plagio e inconsistencias en su biografía.
La Policía Metropolitana informó que trata la muerte como “inesperada” pero “no sospechosa”, sin haber revelado públicamente la causa. La noticia sacudió al Reino Unido y desató un intenso debate sobre el papel de la prensa británica y el racismo estructural en el escrutinio público de figuras negras prominentes.
Arday se había convertido en 2023, a los 37 años, en el profesor negro más joven en la historia de Cambridge al asumir la cátedra de sociología de la educación en el Jesus College. Su nombramiento fue celebrado como un hito para la diversidad en una de las instituciones académicas más prestigiosas y tradicionalmente menos diversas del mundo.
El origen de las acusaciones
Según reconstruyeron los medios ingleses, la controversia tuvo un origen que se remonta a poco después de que Arday asumiera el cargo. David Harris, profesor emérito de la Plymouth Marjon University y crítico de la teoría crítica racial, junto con el sociólogo Martyn Hammersley, señalaron similitudes entre un artículo de Arday de 2018 y un trabajo anterior del epidemiólogo Anjum Memon. Meses después, dos de sus artículos recibieron correcciones póstumas a la publicación.
En septiembre de 2025, el periodista Jack Grove, de Times Higher Education, investigó denuncias de plagio en la tesis doctoral de Arday de 2015 y envió un dossier tanto a Cambridge como a la Liverpool John Moores University, la institución que le otorgó el doctorado. La publicación abandonó la historia tras recibir una carta legal del estudio Carter-Ruck; en febrero de este año, Grove fue advertido por la policía de no volver a contactar a Arday, tras una denuncia por acoso presentada contra él. La Liverpool John Moores concluyó entonces que los problemas de citación constituían un “error honesto y razonable”.
El caso resurgió cuando Nathan Cofnas, un autoproclamado “realista racial” despedido de su puesto en Cambridge en 2024 por sus posturas racistas y discriminatorias, comenzó a investigar por cuenta propia las acusaciones tras ser contactado por un miembro del claustro de Cambridge. Cofnas publicó sus hallazgos en su blog personal, afirmando haber sometido el trabajo de Arday a software de detección de plagio, lo que catapultó el caso a la prensa generalista.
Más de 200 artículos en su contra
Lo que comenzó como cuestionamientos sobre artículos académicos derivó rápidamente en un examen exhaustivo de toda la biografía de Arday. El diario The Times publicó el 24 de julio un análisis de su tesis doctoral señalando pasajes “idénticos o casi idénticos” a un trabajo previo de otro investigador. Posteriormente se publicaron artículos que cuestionaban si Arday había ocupado cátedras visitantes, completado una maestría en Birkbeck, publicado un libro con Palgrave Macmillan, y recaudado 5,5 millones de libras (unos 7,4 millones de dólares) para causas benéficas mediante hazañas de resistencia física, como correr 30 maratones en 35 días.
Su próxima autobiografía, Great and Unfortunate Things, también fue objeto de escrutinio. The Times obtuvo una propuesta anterior de 45 páginas con episodios que no aparecían en la versión final del libro, incluido un accidente automovilístico que lo habría dejado en coma con síndrome de enclaustramiento y un presunto cáncer testicular superado.
Entre el 24 de julio y el 14 de agosto, la prensa británica publicó 249 artículos sobre Arday, según la organización de análisis mediático NewsCord, 188 de ellos en los nueve días posteriores a su renuncia, ocurrida el 5 de agosto.
En su carta de renuncia, Arday escribió que el costo personal del escrutinio se había vuelto “demasiado grande” y que había llegado “a los límites de lo que cualquier persona debería razonablemente soportar”.
“Un frenesí racista”
El lunes 17 de agosto, decenas de miles de personas se congregaron vestidas de negro en Trafalgar Square, en Londres, en una vigilia convocada por el colectivo Stand Up to Racism. Portaban carteles con leyendas como “Descansa en poder, profesor Jason Arday” y “El racismo dentro de los medios es responsable de la muerte de Jason Arday”. Los organizadores pidieron a los asistentes no hablar con periodistas, y el ambiente hacia la prensa fue hostil durante todo el acto.
Entre los asistentes destacaron figuras políticas y culturales negras británicas, como las parlamentarias Diane Abbott y Dawn Butler, el cineasta Misan Harriman y la cantante Beverley Knight. Abbott, primera mujer negra elegida al Parlamento británico, afirmó haber visto a Arday una semana antes de su muerte y aseguró que “la campaña mediática viciosa lo llevó a la muerte”. Butler pidió disculpas en nombre de quienes “no lo protegieron”.
El canciller de Cambridge, Chris Smith (Lord Smith of Finsbury), calificó lo ocurrido como un “frenesí racista” en un comunicado emitido tras la muerte del académico.
Una petición impulsada por Good Law Project, que había reunido más de 96.000 firmas hacia el lunes, exige una investigación pública sobre la conducta de la prensa, argumentando que la “trágica muerte fue el resultado directo, previsible y previsto del acoso de la prensa” y que “el color de su piel” fue un elemento significativo en ese acoso. La petición comparó el caso con el de académicos blancos (como un vicerrector implicado en una investigación por fraude y un profesor de Cambridge acusado de plagiar ensayos de estudiantes) que, según los firmantes, recibieron mucho menos escrutinio público.
Simon Baron-Cohen, director del Centro de Investigación sobre Autismo de Cambridge, había advertido semanas antes de la muerte de Arday sobre el riesgo de suicidio entre personas autistas sometidas a “acoso implacable”, expresando preocupación por su bienestar.
La familia de Arday, que no asistió a la vigilia, difundió un comunicado leído por la diputada Bell Ribeiro-Addy, describiéndolo como “un alma generosa y gentil que incansablemente elevó a otros con sus palabras y acciones”, y afirmando que “la crueldad pública a la que Jason fue sometido fue demasiado para que cualquier hombre la soportara”.