
A las 9:53 de la mañana del 18 de julio de 1994, el tiempo se detuvo para siempre en la calle Pasteur. Una explosión inaudita redujo a escombros el edificio de la AMIA, dejando 85 víctimas fatales y una herida abierta en el corazón de la sociedad argentina que, tres décadas después, sigue sin cicatrizar.
En este episodio, tres sobrevivientes reconstruyen el rompecabezas de una mañana que comenzó con frío invernal y terminó en un caos de polvo, sirenas y muerte. A través de sus relatos, el capítulo explora la dualidad de la condición humana: la oscuridad absoluta del terrorismo frente a la solidaridad de miles de manos que cavaron entre los restos para salvar vidas. Sobrevivientes no sólo aborda el horror del estallido, sino el calvario posterior de los juicios sin justicia y revela cómo el arte, la fe y la memoria son las únicas herramientas posibles para reconstruir una identidad partida en añicos.
Regina Satz es una sobreviviente para la que el atentado de 1994 significó también una nueva oportunidad a través de la resignificación del arte.
Horacio Neuah tenía 48 años en aquella fecha, era comerciante y estaba en su coche en la cuadra de la AMIA.
Adriana Sibilla era vecina del edificio, vivía sobre la calle Pasteur cuando esa mañana todo cambió.