Con protestas y piquetes en las rutas de todo el país, agricultores franceses presionan al Gobierno de Emmanuel Macron, que reaccionó con anuncios considerados “insuficientes” por los líderes del reclamo.
Entre las demandas del sector en conflicto, está el mantenimiento de las exenciones fiscales para el combustible agrícola, o la reducción de la burocracia y de los controles a los que están sometidos los agricultores.
También piden cambios en las políticas europeas para impedir las importaciones de alimentos que tienen ventajas competitivas en la producción porque, por ejemplo, las reglas medioambientales o sanitarias en la UE son mucho más estrictas.
Los agricultores exigen que se reconozca la importancia de su profesión y denuncian la política agrícola del Gobierno que, en su opinión, los hace poco competitivos.
En particular, se oponen a la importación de productos agrícolas, las restricciones al uso del agua para el riego, el aumento del costo del combustible diésel, así como las medidas restrictivas para proteger el medio ambiente y el aumento de la carga financiera sobre la producción.
Arnaud Rousseau, presidente del principal sindicato del sector, la Federación Nacional de Sindicatos de Explotadores Agrícolas (FNSEA), advirtió que “todo el sector va a entrar en acción” si el presidente Macron y el primer ministro Gabriel Attal no ceden a sus reivindicaciones.
“Nosotros no estamos aquí para hacer política, sino para defender nuestro oficio”, agregó, aunque consiguió el apoyo de las protestas del presidente de la ultraderechista Agrupación Nacional (RN, antes Frente Nacional o FN), Jordan Bardella.
El político ultraderechista se manifestó luego de la muerte de una agricultora y de su hija de 14 años, al ser atropellados junto a su marido (que se encuentra herido grave) por un coche que se saltó una barrera cuando participaban en el bloqueo de una carretera a las afueras de Pamiers, en el sur, y aprovechó para darle relevancia al hecho de que los tres ocupantes que ocupaban el vehículo que arrolló a la familia de agricultores (que están detenidos) son migrantes sin papeles armenios, para los que se había dictado la expulsión de Francia.
Al día de hoy, las protestas obstaculizan la circulación en al menos 12 autopistas, informó el operador de carreteras francés Vinci.
La mayoría de las vías bloqueadas se encuentran en el sur y oeste de Francia.
Entre las zonas afectadas se encuentran dos tramos de la autopista A7, en el sureste del país, la autopista A9, que conduce hacia la frontera española, así como tramos de las A20 y A62 que conducen a Toulouse.
El primer ministro, Gabriel Attal, que el lunes y el martes recibió a los responsables de los principales sindicatos agrícolas, se comprometió a examinar en profundidad las reivindicaciones de los agricultores y a dar respuestas. En las manos del joven funcionario se encuentra la posibilidad de resolver el conflicto o determinar el crecimiento de un movimiento que puede hacer mella al gobierno.
El acuerdo Mercosur-UE, en el medio
Finalmente, el viernes, el gobierno francés anunció medidas para frenar las protestas de productores agropecuarios, aunque el principal gremio del sector las consideró insuficientes y llamó a mantener el movimiento.
El primer ministro, Gabriel Attal, prometió entre otras cosas la supresión del encarecimiento del diésel de uso agrícola y reafirmó su oposición a la firma del acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, en un intento por apaciguar los ánimos exacerbados.
“Francia se opone claramente, como lo ha hecho desde el primer día por voz del presidente de la República (Emmanuel Macron), a la firma del Tratado del Mercosur”, dijo el funcionario, quien reiteró nuevamente que el Ejecutivo “seguirá oponiéndose” en un futuro al acuerdo, informó la cadena local BFMTV.
La UE y Mercosur comenzaron a negociar un tratado de libre comercio en el año 2000 y, si bien las conversaciones han pasado desde entonces varias fases, parecen prontas a estancarse.
Varias cuestiones medioambientales, denunciadas por París, amenazan con poner fin al proceso.
“Ustedes han querido enviar un mensaje. El mensaje ha sido recibido alto y claro”, enfatizó el ministro durante una visita a un ganadero de Montastruc-de-Salies, en el sur de Francia.
Attal, nombrado este mes como jefe de gobierno por Macron, anunció igualmente un mayor control de las negociaciones entre los productores y los distribuidores, ayudas a sectores específicos como la agricultura orgánica y una disminución de trámites administrativos.
En el plano internacional, reiteró la oposición de Francia a “la firma” del tratado negociado entre la UE y los países del Mercosur que son grandes productores agropecuarios, como el nuestro.
“Hemos decidido poner la agricultura por encima de todo, hoy es un día para pasar a la acción”, insistió Attal, citado por las agencias de noticias AFP y Europa Press.
El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, reconoció que la “actual crisis de la agricultura europea” podía representar un “obstáculo” para este tratado, que necesita para poder ser firmado por la Comisión Europea la aprobación de los 27 miembros de la UE.
El contexto europeo
Las protestas de los agricultores franceses se extendieron a los Países Bajos y Alemania.
Todos comparten la misma preocupación por las decisiones de los gobiernos en materia agrícola.
El año pasado, los agricultores neerlandeses bloquearon carreteras, vertieron estiércol en las calles y protestaron frente a las casas de los políticos por la normativa para reducir las emisiones de nitrógeno.
Como uno de los mayores exportadores agrícolas del mundo, la industria es responsable de alrededor de la mitad de las emisiones totales de nitrógeno de los Países Bajos. En 2019, el más alto tribunal administrativo dictaminó que el sistema de permisos de nitrógeno no estaba logrando evitar que estas emisiones dañaran las reservas naturales especialmente protegidas conocidas como la red Natura 2000.
Fue entonces cuendo el Gobierno pronto dijo que necesitaba tomar “medidas drásticas” para rectificar la situación, incluida la compra y el cierre de explotaciones ganaderas.
El repentino anuncio de los recortes dejó a los ganaderos con la sensación de que no se les estaba tratando de manera justa. Ya habían reducido considerablemente las emisiones de nitrógeno en los últimos 30 años y la financiación de las zonas rurales se había reducido en favor de la inversión urbana.
Las políticas gubernamentales anteriores les habían animado a expandirse y ahora se les decía que tenían que reducir el tamaño de sus explotaciones. Las protestas llevaron a la fundación del partido político de derechas BoerBurgerBeweging (BBB), que prometió a los agricultores más voz en la política agrícola.
En 2023, el BBB ganó las elecciones provinciales y, tras las elecciones al Senado, se convirtió en el partido con mayor número de escaños en el Senado holandés.
En Alemania también creció el enojo por los planes de eliminar gradualmente las subvenciones a los combustibles, que suponen hasta 3.000 euros al año para una empresa media. El resentimiento a largo plazo por la injusta aplicación de las políticas medioambientales no hizo más que echar leña al fuego.
Los agricultores llevan saliendo a la calle desde diciembre y se le unieron en Berlín activistas ecologistas. Las calles estaban repletas de tractores.