
Michigan vive este martes una de las primarias demócratas más intensas y costosas del ciclo electoral 2026. La contienda por el escaño que dejará el senador saliente Gary Peters enfrenta a la representante Haley Stevens, de 43 años y favorita del aparato partidario, con el médico Abdul El-Sayed, epidemiólogo de 41 años que se perfila como el candidato progresista mejor posicionado del año. El ganador se medirá en noviembre con el republicano Mike Rogers, exlegislador que ya compitió por el mismo cargo en 2024.
La disputa se transformó en un referéndum sobre el futuro del Partido Demócrata, atrapado entre la cautela de sus dirigentes tradicionales y el impulso de un ala izquierdista cada vez más numerosa.
El-Sayed, con ventaja en las encuestas
Los sondeos más recientes ubican a El-Sayed por delante. Una encuesta divulgada la semana pasada entre probables votantes demócratas mostró que un 54% lo respalda, frente a un 39% para Stevens. La brecha se profundiza por generación: los menores de 50 años lo prefieren por 42 puntos, mientras los mayores de 60 se inclinan por Stevens con 14 puntos de ventaja. Entre los votantes independientes, El-Sayed aventaja por 27 puntos.
Stevens representa el distrito 11 desde 2019 y cuenta con el respaldo del líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer; de la gobernadora Gretchen Whitmer, y del propio Peters. El-Sayed, que sería el primer senador musulmán de Estados Unidos si gana, ya había competido —sin éxito— por la gobernación en 2018. Ahora suma el apoyo de figuras como Bernie Sanders, Elizabeth Warren y Alexandria Ocasio-Cortez, referentes de la ola socialista que ganó terreno dentro del partido en los últimos meses.
Pese a no considerarse socialista (se define como “alguien que entiende el funcionamiento del capitalismo y busca regular monopolios”), El-Sayed suele ser asociado a ese sector, sobre todo tras una serie de victorias de izquierdistas en distritos tradicionalmente demócratas a lo largo del país.
Los ejes de la campaña
La grieta más profunda entre ambos candidatos pasa por la política exterior hacia Medio Oriente. Stevens sostiene que no considera que Israel y su primer ministro, Benjamin Netanyahu, hayan cometido genocidio en Gaza, y votó a favor de mantener el financiamiento militar a ese país, aunque con condiciones. El-Sayed, en cambio, afirmó en julio que cree que Israel no debería existir como Estado judío, y ha sido un crítico frecuente del Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC), que volcó más de 30 millones de dólares en publicidad a favor de su rival.
Esa distancia derivó en cruces públicos. El-Sayed calificó a Stevens como una de las candidatas menos capacitadas del país; ella respondió en redes acusándolo de buscar responsabilizar a la comunidad judía estadounidense por sus problemas. El escándalo escaló en marzo, cuando una sinagoga cercana a Detroit sufrió un ataque calificado como antisemita. El-Sayed lo condenó, pero vinculó el episodio a la violencia que, según dijo, Israel ejerce contra la población musulmana en Medio Oriente, lo que le valió duras críticas de referentes judíos del estado.
El dinero externo se volcó abrumadoramente a favor de Stevens: distintos reportes calculan más de 60 millones de dólares en publicidad en su beneficio, buena parte proveniente de grupos vinculados a AIPAC.
Más allá de Israel, la campaña también se definió por el contraste entre la propuesta de sanidad universal (“Medicare for All”) que impulsa El-Sayed y el mensaje de Stevens, centrado en presentarse como la opción con mayor capacidad de derrotar a los republicanos en noviembre. Ella remarca haber vencido en cuatro ocasiones a candidatos del ala MAGA en un distrito muy disputado, y apunta a que su prioridad es evitar que el escaño quede en manos republicanas.
El-Sayed, por su parte, sostiene que sin una renovación profunda del Congreso, la sanidad universal seguirá siendo una promesa incumplida. Su campaña reporta más de 10.000 voluntarios y un ritmo de casi 10.000 puertas tocadas por día, con el respaldo de organizaciones como el Partido de las Familias Trabajadoras y el sindicato United Auto Workers.
El voto afroamericano, que representa cerca del 20% del electorado demócrata en el estado, se perfila como decisivo. Históricamente más proclive a candidatos moderados, ese segmento parece inclinarse hacia Stevens, según reflejan las encuestas, aunque persisten diferencias generacionales también dentro de esa comunidad.
De cara al resto de las elecciones
La contienda de Michigan trasciende las fronteras del estado. Senadoras como Elizabeth Warren y Chris Van Hollen viajaron a hacer campaña junto a El-Sayed, convencidas de que su triunfo, sumado a otras victorias progresistas del ciclo, podría inclinar la agenda del Senado demócrata hacia posiciones más combativas frente a Trump y las corporaciones.
El fenómeno se replica en otros frentes: en Nueva York, los Socialistas Democráticos de América (DSA) derrotaron a cinco legisladores en ejercicio y sumaron miles de nuevos afiliados tras el triunfo de Zohran Mamdani en las primarias por la alcaldía. Ese impulso, sin embargo, genera resistencias internas: dirigentes del propio partido demócrata advierten que el ala socialista corre el riesgo de alejarse del votante moderado, que sigue siendo mayoritario en el electorado general.
Michigan, un estado péndulo que Trump conquistó en 2024 tras haberlo perdido en 2020, funciona así como laboratorio de una pregunta que atraviesa a todo el Partido Demócrata: ¿conviene apostar por la moderación para intentar recuperar terreno en el centro, o es momento de girar hacia una izquierda más audaz que entusiasme a las bases? La respuesta que den este martes los votantes demócratas de Michigan podría marcar el tono de la carrera legislativa de noviembre y, según algunos, también el de la carrera presidencial que se avecina.