
Lionel Messi cayó de rodillas sobre el césped del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta en cuanto el árbitro Ismail Elfath dio el pitazo final. Con los dos puños apretados contra el pecho, el capitán de la selección argentina vivió en carne propia la clasificación a la final del Mundial. Fue el desahogo de un hombre de 39 años que, en su sexta Copa del Mundo, volvió a llevar a su país a la última instancia del torneo.
Los primeros en llegar a él fueron Cristian “Cuti” Romero y Lisandro Martínez, que lo envolvieron en un abrazo antes de que el resto del plantel se sumara. Segundos después apareció el director técnico Lionel Scaloni, quien se fundió con su capitán en un abrazo prolongado. Los dos permanecieron así varios segundos, visiblemente emocionados, mientras el DT le susurraba algo al oído. Fue uno de los momentos más cargados de la celebración argentina en el campo de juego.
Luego Messi se puso de pie, alzó los brazos y buscó con la mirada el palco donde estaba su familia. Se acercó a una de las cámaras de televisión y gritó “¡Vamos!”. Rodrigo De Paul, su compañero en el Inter Miami de la MLS, también lo buscó entre la multitud y compartió con él un abrazo en el que el capitán volvió a susurrar unas palabras al oído de su compañero. Hasta los rivales ingleses se acercaron a saludarlo al término del encuentro.