
La gran sorpresa de la Copa del Mundo, el seleccionado de Cabo Verde, enfrentará a la Argentina en los 16avos de final. Llegó como uno de los más débiles al certamen, pero soñando en grande: empató con España en el debut, después también igualó con Uruguay y el 0-0 con Arabia Saudita le permitió quedar como segundo en el Grupo H gracias al triunfo de los europeos ante los charrúas. Los africanos sorprenden, todo gracias a un gran trabajo de repatriación que comenzó años atrás.
Cabo Verde ya era histórico desde antes del inicio: es el país más chico que alguna vez disputó una Copa del Mundo. Además, el tercero menos poblado, por detrás de Curazao, que también clasificó a esta edición, y de Islandia, que jugó en Rusia 2018. El archipiélago cuenta con una superficie total de poco más de 4.000 kilómetros cuadrados, tres veces menor que la superficie total de las Islas Malvinas, y lo habitan 600.000 personas.
Independizado recién en julio de 1975, se afilió a la FIFA para 1986, cuatro años después de la fundación de la Federación. Como era de esperarse, durante sus primeras décadas no fue más que un rejunte de futbolistas amateurs que hacían lo que podían. De hecho, ni siquiera cuenta con una liga local formal: cada isla tene su propio torneo y luego se envían a los mejores a jugar un campeonato en Praia, la capital.
El “Proyecto LinkedIn” para repatriar futbolistas
Producto de la fuerte migración, Cabo Verde tenía muy en claro que sus talentos más importantes estarían en el exterior. Entre los nombres históricos más destacados figuran Patrick Vieira, campeón del mundo con Francia en 1998, y el ex-Manchester United Nani, que representó a Portugal. De hecho, se estima que hay casi el doble de caboverdianos viviendo fuera que dentro de las islas.
Ante este escenario, el extécnico Lúcio Antunes propuso en 2010 rastrear a futoblistas nacidos o con ascendencia caboverdiana para convencerlos de que representen a los Tiburones Azules. Uno de los casos más virales es el de Roberto Lopes, nacido y criado en Dublin, Irlanda, pero con padre nacido en Cabo Verde. En 2018 le enviaron un mensaje a través de LinkeIn pero, como no hablaba portugués, lo ignoró. Meses más tarde, volvieron a contactarlo pero en inglés y respondió: fue titular contra España. Desde ese entonces, el proceso se lo conoce como “Proyecto LinkedIn”.
De los 26 convocados por Bubista, 14 son nacidos fuera de Cabo Verde. Hay seis de Países Bajos (Sindy Cabral, Jamiro Monteiro, Laros Duarte, Dailon Livramento, Deroy Duarte y Garry Rodrigues), tres de Francia (Steven Moreira, Willy Semedo y Logan Costa), tres de Portugal (Telmo Arcanjo, Wagner Pina y Helio Varela), uno de Irlanda (Roberto ‘Pico’ Lopes) y uno de Estados Unidos (CJ Dos Santos).
Una figura llamada Vozinha
La gran figura del seleccionado es un autóctono. Josimar Dias, conocido por su apodo Vozinha, nació en Mindelo, en Cabo Verde, en 1986. Criado por sus abuelos, le pusieron ese nombre por el recordado lateral brasileño. Cuando comenzó su carrera fuera de su país, en Angola, ya había un futbolista apodado Josimar y, en lugar de qudar como ‘Josimar II’, eligió adoptar un apodo que le pusieron de niño cuando jugaba con los más grandes en las calles: Vozinha. Actualmente juega en Chaves de Portugal. Su nivel ante España en el debut lo llevó de tener 25 mil seguidores en redes sociales a más de dos millones.
Otra de las figuras es Ianique dos Santos Tavares, nacido en la capital Praia y conocido como “Stopira”. A sus 38 años, fue quien anotó el gol que selló el 3-0 sobre Eswatini que sentenció la clasificación al Mundial y viene de tener una temporada histórica con Torreense: pese a estar en la Segunda División, fue campeón de la Copa de Portugal, venciendo en la final a un gigante como Sporting CP gracias a un penal en el alargue de Stopira, que quiere seguir haciendo historia.
La llegada de Cabo Verde al Mundial 2026 no es casualidad. Desde 2014, con la inauguración del Estadio Nacional de Praia, que le permitió jugar como local en su país, se fue haciendo cada vez más fuerte. Jugó la Copa Africana por primera vez en 2013, cuando alcanzó los cuartos de final, y volvió a conseguir un boleto para el certamen en 2015, 2021 y 2023, cuando volvieron a quedar entre los ocho mejores.
El director técnico, Pedro Leitão Brito, o simplemente Bubista, fue el primero en clasificarlo a la Copa Africana de Naciones. Si bien se quedó afuera de la edición 2025, el foco estaba puesto en otro lado: fue líder de su grupo en las Eliminatorias, superando a un histórico como Camerún, y se metió por primera vez en la historia en un Mundial con siete victorias, dos empates y solo una derrota.
Con un equipo que conoce sus limitaciones, que es muy ordenado defensivamente y apuesta a las transiciones rápidas, de contragolpe, Cabo Verde dio la nota en este Mundial y se metió como segundo por detrás de España para jugar el viernes 3 de julio con Argentina, en Miami.
El esperado grito de independencia
Por su ubicación, en pleno océano Atlántico, frente a las costas de Senegal, en el extremo occidental de África, era conocido por ser uno de los mayores puertos de venta de esclavos del globo durante el período colonial. La trata de personas se convirtió en el motor económico del lugar, cuyo auge tuvo lugar en el siglo XVII y XVIII.
La abolición de la esclavitud en las islas en 1876 fue tan importante como impactante desde el punto de vista económico. Durante la primera mitad del siglo XX, cerca de 300.000 personas murieron a causa de la hambruna, por lo que otros cientos de miles de ciudadanos tomaron la decisión de emigrar a países europeos para rehacer su vida.
Casi 100 años más tarde, puso fin a la dictadura de Antonio Salazar tras una sangrienta guerra y logró su independencia de Portugal el 5 de julio de 1975. Sus paisajes espectaculares y sus playas kilométricas lo convirtieron en un gran punto turístico, lo que marcó el crecimiento económico, algo que alimentó el deseo de muchos de regresar a sus raíces.