
La deforestación continua a la lo largo de los años y el calentamiento global podrían convertir a la Amazonía en una sabana. Un nuevo estudio del Instituto Potsdam para la Investigación sobre el Impacto del Cambio Climático (PIK) advierte de que la selva amazónica podría alcanzar un peligroso punto de no retorno antes de lo previsto.
La investigación, publicada en la revista Nature, concluye que si la pérdida forestal alcanza entre el 22 % y el 28 % y el calentamiento global sube entre 1,5 y 1,9 ºC, alrededor de dos tercios de la Amazonía podrían transformarse en un ecosistema similar a la sabana. Los científicos alertan de que este proceso tendría consecuencias devastadoras para el clima, la biodiversidad y el equilibrio ambiental del planeta.
La sabana es un ecosistema de pradera tropical de transición entre selvas y desiertos. Se caracteriza por un clima cálido, una estación seca prolongada y otra lluviosa, con hierbas altas, pastizales continuos y árboles dispersos. Implica una gran biodiversidad de herbívoros, depredadores y fauna adaptada a incendios y sequías.
«La deforestación hace que la Amazonía sea mucho menos resiliente de lo que habíamos previsto anteriormente. Reseca la atmósfera y debilita la propia generación de precipitaciones», explicó el científico del PIK y autor principal del estudio, Nico Wunderling.
El problema es que esta pérdida de masa forestal, unida al calentamiento global, interrumpe el reciclaje de la lluvia, desestabiliza la humedad de la zona y provoca un peligroso efecto en cadena con consecuencias para todo el ecosistema y para el resto del planeta.
La Amazonía es capaz de generar parte de sus propias precipitaciones gracias a la cantidad de vegetación que alberga. L expertos subrayan que hasta la mitad de esas lluvias provienen del agua reciclada por los propios árboles, que liberan vapor de agua a la atmósfera que posteriormente cae en forma de lluvia sobre la cuenca del Amazonas.
Sin embargo, cuando se pierde la selva tropical, cuando se deforesta, ese reciclaje de humedad se debilita, aumenta el estrés por sequía y otras regiones forestales se vuelven más vulnerables a la degradación.
Todavía hay esperanza
Los científicos subrayan que detener la deforestación y restaurar la cubierta forestal reforzaría sustancialmente la resiliencia de la Amazonía ante el calentamiento.
“La selva amazónica ha desempeñado un papel fundamental en la estabilización del sistema terrestre como sumidero de carbono, regulador del ciclo del agua y hogar de la biodiversidad terrestre más rica del planeta, pero la deforestación continuada está socavando esta estabilidad, lo que acerca al bosque a un punto de inflexión”, comentó Johan Rockström, director del PIK y coautor del estudio.
Pero esto “no solo sería devastador para la región, sino que podría tener consecuencias de gran alcance para todo el planeta”, advirtió.