
El brote de hantavirus detectado a bordo del crucero MV Hondius sigue generando preocupación internacional mientras avanzan las investigaciones para reconstruir cómo comenzó el episodio sanitario que ya provocó varias muertes y contagios entre pasajeros de distintas nacionalidades.
Según reconstruyeron medios de Países Bajos, el llamado “paciente cero”: Leo Schilperoord, un biólogo y ornitólogo neerlandés de 70 años que viajaba junto a su esposa, Mirjam Schilperoord-Huisman, de 69, habría contraído el virus durante una observación de aves carroñeras en un basural municipal de Ushuaia pocos días antes de embarcarse en el MV Hondius.
Poco después comenzaron los síntomas: fiebre alta, cefalea, dolor abdominal y un rápido deterioro físico que derivó en severas complicaciones respiratorias.
Schilperoord murió el 11 de abril a bordo del crucero mientras la embarcación continuaba navegando.
Su cuerpo permaneció dentro del barco durante casi dos semanas hasta recibir autorización para desembarcar en la isla Santa Elena el 24 de abril.
Tras dejar el crucero junto al cuerpo de su esposo, Mirjam Schilperoord-Huisman comenzó a presentar síntomas compatibles con hantavirus.
Su estado de salud empeoró rápidamente y debió ser trasladada de urgencia a Johannesburgo, Sudáfrica, donde murió el 26 de abril.
La pareja residía en Haulerwijk, una pequeña localidad del norte de Países Bajos de unos 3000 habitantes, donde ambos eran reconocidos dentro de la comunidad de observadores de aves y expediciones científicas.
El brote detectado en el MV Hondius ya afectó al menos a siete personas y provocó tres muertes, incluida la de una pasajera alemana.
Además, un ciudadano británico continúa internado en terapia intensiva en Sudáfrica tras haber dado positivo para el virus.
Las autoridades sanitarias internacionales mantienen el monitoreo epidemiológico mientras crece la preocupación por la circulación de enfermedades zoonóticas vinculadas al turismo extremo y las expediciones científicas.
Actualmente no existe un antiviral específico contra el hantavirus y el tratamiento se basa principalmente en asistencia respiratoria, oxígeno y cuidados intensivos.
La enfermedad suele transmitirse por contacto con ambientes contaminados por roedores infectados, especialmente al inhalar partículas presentes en polvo, excrementos o nidos.
Por eso, los especialistas recomiendan ventilar ambientes cerrados durante al menos 30 minutos, utilizar desinfectante antes de limpiar y evitar barrer o aspirar excrementos secos para reducir el riesgo de contagio.