El argentino Rafael Grossi, director general del OIEA, visitó la central nuclear del sur de Ucrania controlada por Rusia, para estudiar el impacto de un ataque a una represa que afectó las reservas de agua que enfrían sus reactores.
La central atómica de la sureña provincia de Zaporiyia sufrió bombardeos desde que el Ejército ruso la tomó al inicio de la invasión de Ucrania.
Grossi ya advirtió múltiples veces sobre el riesgo de que un ataque provoque una fuga radiactiva catastrófica.
La situación se agravó luego de que un ataque que la semana pasada destruyó la represa de Kajovka, de la vecina provincia de Jerson, causó una reducción del nivel de las reservas de agua de su embalse, que enfrían los seis reactores de la central.
Los reactores están inactivos hace meses, pero se tiene que enfriar constantemente el combustible en el centro de las unidades y de las piscinas de almacenamiento para evitar un posible accidente de fusión y emisiones radioactivas en el medioambiente.
Grossi dijo que no había “peligro inmediato”, pero que el nivel de agua de la piscina de refrigeración era motivo de preocupación.
Rusia y Ucrania se acusaron mutuamente del ataque a la represa, que regula el flujo del río Dniéper, el más largo de Ucrania, y cuya destrucción dejó completamente inundados numerosas localidades de la provincia de Jerson, cuyo control se reparten Kiev y Moscú.