La figura de Ernestito Montiel emerge hoy como el custodio de una herencia directa y sagrada. Al verlo empuñar el acordeón, es imposible no evocar la maestría de su tío abuelo y guía espiritual, Don Ernesto Montiel, el eterno “Señor del Acordeón”. Ernestito ha logrado lo que pocos: heredar no solo la técnica refinada y el fraseo elegante del estilo montielero, sino también esa mística que transforma cada nota en un paisaje de esteros y montes.
La presencia del Cuarteto Santa Ana sobre el escenario reafirma su estatus como institución fundamental de nuestra música. Fundado en 1942 por el propio Ernesto Montiel junto al “Patriarca” Isaco Abitbol, este conjunto es el pilar sobre el cual se edificó gran parte de la identidad chamamecera. Su importancia histórica es incalculable, ya que representa la resistencia de un sonido auténtico que se niega a desvirtuarse, manteniendo viva la cadencia y el sentimiento que Don Ernesto grabó a fuego en el alma correntina.