
Israel vota este martes en unas elecciones legislativas que muchos analistas describen como de las más trascendentes de su historia. Son los primeros comicios desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la guerra que lo siguió. Además, son los primeros desde 1988 que se realizan tras completarse un mandato parlamentario de cuatro años.
Unos 7,3 millones de personas están habilitadas para votar, según la Oficina Central de Estadísticas. Los israelíes no eligen a un candidato sino listas de partidos: se presentaron 37, y solo entran al Parlamento (la Knesset, de 120 bancas) las que superan el 3,25% de los votos.
Las encuestas anticipan que entre 11 y 13 lo lograrán. Para formar gobierno se necesitan 61 escaños, y como la distribución es proporcional, ganar la elección no equivale a quedarse con el cargo de primer ministro
Dos grandes bloques y lo que anticipan las encuestas
Por un lado está el bloque de Benjamin Netanyahu, con su partido Likud, los ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá, y las formaciones de ultraderecha de los ministros Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich.
Por el otro, una oposición que se presenta como alternativa pero llega fragmentada. La encabeza el centrista Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor, con su partido Yashar, y se completa con los Demócratas de Yair Golan, Yisrael Beiteinu de Avigdor Lieberman y la alianza Juntos, del ex primer ministro Naftali Bennett y Yair Lapid. Bennett y Lieberman no respaldaron a Eisenkot y también aspiran al cargo.
Ningún bloque llega a los 61 escaños. La última medición de la cadena pública Kan daba 52 bancas a la oposición y 50 al oficialismo, y el resto quedaba para partidos no alineados, entre ellos las dos principales listas árabes.
El Canal 12, uno de los medios más importantes de Israel, colocaba a Yashar primero, con 23 escaños contra 21 del Likud, mientras que el Canal 14, afín a Netanyahu, proyectaba 30 para el Likud y unos 20 para Eisenkot. Las encuestas más recientes ubican al bloque oficialista entre 49 y 55 escaños.
En los debates sobre quién es más apto para ser primer ministro, Eisenkot aventajó de forma sostenida al actual mandatario.
Los ciudadanos árabes y sus partidos
Los ciudadanos palestinos de Israel son cerca de 1,2 millones y alrededor del 20% de la población. Su participación podría ser decisiva: en 2022 votó el 53,2%, y esta vez las proyecciones superan el 60%.
Con una concurrencia del 65%, las listas árabes podrían sumar hasta 15 bancas. Ambos bloques descartaron por ahora aliarse con ellas, aunque cualquier gobierno alternativo probablemente necesitaría su apoyo o su abstención.
Antes de la votación, la Comisión Central Electoral intentó proscribir a la Lista Conjunta y a Ra’am, pero la Corte Suprema revirtió la decisión. El tribunal sí forzó la salida de Sami Abu Shehadeh, líder de Balad, por un artículo sobre el 7 de octubre.
Un exasesor del legislador Ayman Odeh sostiene que Netanyahu se beneficia de presentar a sus rivales como socios de los partidos árabes: si la oposición no llega a 61 bancas, el estancamiento lo favorece.
Los temas de campaña
Dominaron la responsabilidad por las fallas de seguridad previas al 7 de octubre, la exención del servicio militar a los ultraortodoxos y los intentos de reforma judicial. Una encuesta de la Universidad Hebrea indicó que, entre los votantes de 22 a 34 años, el 58% dijo que el costo de vida y la vivienda influirían en su voto, frente al 36% que priorizó la seguridad.
Eisenkot, que integró el gabinete de guerra hasta renunciar en 2024 y perdió a un hijo en combate en Gaza, hizo de la rendición de cuentas el eje de su campaña. Dijo que Netanyahu “no es apto” para el cargo,
El primer ministro, de 77 años, respondió que están en juego “la supervivencia del Estado judío” y la advertencia de que una victoria opositora llevaría a un Estado palestino. Según Al Jazeera, los rivales de Netanyahu encuadraron sus diferencias en torno a la competencia y la rendición de cuentas, y no a la política hacia los palestinos.
La apuesta personal de Netanyahu
Es el primer ministro que más tiempo estuvo en el cargo: gobernó de 1996 a 1999, de 2009 a 2021 y desde 2022. Enfrenta un juicio por corrupción, por cargos de soborno, fraude y abuso de confianza que niega, y una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra en Gaza.
Una derrota lo dejaría más expuesto en la causa judicial y podría reabrir la discusión sobre una comisión de investigación del 7 de octubre. Cuenta con el respaldo explícito del presidente estadounidense, Donald Trump, que pidió votarlo.
Inteligencia artificial y desinformación
Según un trabajo de la agencia alemana DW, los partidos en contienda usaron IA en toda la campaña, con videos polémicos, llamadas automatizadas y bots. Una investigación de la Universidad Abierta de Israel halló que el Likud fue la fuerza con más contenido generado con esta tecnología en términos absolutos.
La firma Scooper detectó además una red de cuentas falsas que promocionan a Netanyahu, de las cuales cerca del 70% operan desde el exterior.
El contexto internacional
El país llega a las urnas con su imagen externa deteriorada. Varios aliados, como el Reino Unido, sancionaron los asentamientos en Cisjordania y, cuando Netanyahu habló ante la Asamblea General de la ONU el 24 de septiembre, decenas de delegados abandonaron la sala.
La continuidad de los ataques en Gaza pese a una tregua de escaso cumplimiento que lleva un año, con un saldo de más de 74.000 muertos. Ni el conflicto ni el trato a los palestinos estuvieron realmente en discusión en la campaña: las medidas gozan de alta popularidad en la política interna israelí.
Unos tres millones de palestinos adultos de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este no tienen voto en las decisiones del gobierno que controla sus fronteras.
Qué pasa después de la votación
El resultado de la noche electoral puede no definir nada: la negociación de coaliciones puede llevar días, semanas o meses. Si ningún bloque suma 61, las opciones son un gobierno de minoría, uno de unidad nacional o nuevas elecciones, con Netanyahu como primer ministro interino mientras tanto. La Knesset se disolvió el 17 de julio, por lo que el Ejecutivo funciona con poderes limitados desde entonces.