
El mercado del arte ha vuelto a rendirse ante la maestría de Claude Monet. En una jornada histórica celebrada este jueves en la sede de Sotheby’s en París, dos lienzos del maestro impresionista que habían permanecido ocultos al público durante más de un siglo se vendieron por una cifra conjunta de 16,6 millones de euros.
La estrella de la tarde fue ‘Vétheuil, effet de matin’ (1901), una obra que no se exhibía desde 1928 y que pertenecía a la misma familia desde 1972. Tras una intensa puja, el cuadro alcanzó los 10,2 millones de euros, superando las estimaciones iniciales de 8 millones. Por su parte, ‘Les Îles de Port-Villez’ (1883), una pieza que captura la luz del Sena con una técnica vibrante, se adjudicó por 6,4 millones de euros.
“Los hemos valorado entre 6 y 8 millones de euros. Evidentemente, eso representa mucho, es una suma importante, pero en el mercado de Claude Monet hay cuadros que pueden venderse por 100. 000.000 de euros” dijo el especialista de Sotheby’s en arte impresionista y vicepresidente de la casa de subastas, Thomas Bompard.
Estas pinturas destacan no solo por su valor económico, sino por su excepcional estado de conservación, conservando los marcos originales elegidos por el propio artista.
“Están en su estado original. El lienzo es original; si les damos la vuelta, el bastidor es original. Nunca han sido repintados, así que es muy, muy, muy raro encontrar cuadros que tienen 100, 120 años y que dan la impresión de haber sido pintados anteayer”, explicó Bompard.
Su reaparición supone un hito para los historiadores, ya que ambas piezas han pasado décadas en colecciones privadas francesas, lejos del circuito de los grandes museos.
La venta se produce en un momento de especial relevancia, coincidiendo con el auge del mercado de pintura moderna en la capital francesa.
Monet, un artista siempre vigente
Padre del Impresionismo, Claude Monet dedicó su vida a capturar la fugacidad de la luz y el color sobre la naturaleza.
Su óleo ‘Impresión, sol naciente’ dio nombre al movimiento, rompiendo con los rígidos cánones académicos de la época.
A través de sus famosas series (almiares, la catedral de Rouen o sus icónicos nenúfares), exploró cómo un mismo objeto se transforma según la hora del día o las condiciones atmosféricas.
Sus últimos años los pasó en Giverny, creando un jardín que se convertiría en su última gran obra maestra pictórica, llevando el arte hacia las puertas de la abstracción moderna.