
La crecida de los ríos Paraná y Uruguay obligó a 472 personas a abandonar sus viviendas en Corrientes, en lo que puede ser apenas el primer capítulo de una temporada marcada por El Niño. El último relevamiento de Defensa Civil provincial, del viernes por la noche, contabiliza 206 evacuados y 266 autoevacuados en seis localidades, y las autoridades no descartan que la cifra aumente.
Itatí concentra la mayor cantidad de evacuados: 110 personas de 43 familias, alojadas en la Casa Promesera y en el hospedaje Taba Cué. En la Capital, en cambio, predominan los autoevacuados: 266 personas de 65 familias. Siguen Isla Apipé (44 evacuados, 19 familias), Paso de los Libres (31 personas, seis familias, en el ex Regimiento), Ituzaingó (19 personas, cuatro familias) y Yahapé (dos personas, una familia).
La atención está puesta en la ciudad de Corrientes, donde las previsiones oficiales indicaban que el Paraná podría superar los siete metros entre el viernes y el sábado, el nivel que activa los protocolos de evacuación. El titular de Defensa Civil, Bruno Lovinson, anticipó que podrían registrarse los primeros evacuados formales en la Capital. El gobernador Juan Pablo Valdés, que recorrió las zonas afectadas el jueves, anunció que se habilitarán espacios de resguardo con servicios, alimentos y atención sanitaria junto al Municipio.
También siguen bajo vigilancia Paso de la Patria, Alvear, La Cruz, Yapeyú y Bompland, además de Barranqueras, en Chaco. En Entre Ríos, Concordia tuvo evacuados, aunque Salto Grande proyecta que el Uruguay se estabilice por debajo de los 11 metros, siempre que no haya nuevas lluvias, que se esperan en la cuenca desde el 22 de octubre. En Misiones, algunas localidades seguían evacuando y Yacyretá prevé caudales estables o en leve baja desde el sábado.
¿Fin de veinte años de sequías?
Durante cerca de dos décadas, buena parte del país estuvo dominada por la falta de lluvias, con mayor influencia de La Niña. Ese período seco comenzó alrededor de 2004-2005, tras una etapa más húmeda iniciada hacia 1975-1976 en el centro y norte del país, que incluyó los intensos episodios de 1982-83 y 1997-98.
La hipótesis, subrayan los meteorólogos, todavía es una hipótesis. Se habla de ciclos de entre 15 y 25 años, pero los registros disponibles no alcanzan para confirmarlos: en una serie de cien años hay apenas cuatro intervalos de 25. Habrá que contrastarla con lo que ocurra en los próximos años.
Los especialistas descartan la idea de un “Superniño” que traiga tormentas nunca vistas. La diferencia estaría en la frecuencia: donde normalmente se registran dos sistemas de mal tiempo en un mes, podrían presentarse cuatro o cinco.
El problema es la acumulación. Con lluvias repetidas en pocos días, el suelo se satura, las lagunas crecen y los ríos reciben nuevos aportes antes de bajar. Una tormenta común puede tener consecuencias graves si cae sobre un terreno ya empapado, y los ríos ya elevados favorecen una nueva crecida con cada episodio.
El Litoral argentino, Uruguay, el este de Paraguay y el sur de Brasil son las zonas con mayor probabilidad de lluvias frecuentes, acumulados importantes y crecidas. Buenos Aires y Córdoba estarían en una zona de influencia más variable, con períodos abundantes y otros estables.
La Patagonia, más alejada del núcleo húmedo, podría tener condiciones comparativamente más secas y cálidas.
Según el análisis, el mayor riesgo no coincide con el pico de calentamiento del Pacífico, sino que puede aparecer después de meses de lluvias acumuladas. En los grandes episodios de 1982-83 y 1997-98, algunas de las consecuencias más importantes sobre la región se observaron en las etapas finales, en 1983 y 1998. Por eso, si el patrón de precipitaciones frecuentes se mantiene, el final del verano y el comienzo del otoño de 2027 podrían ser especialmente complicados para las zonas más expuestas.