
Mientras el mundo se maravilla con la capacidad de los chatbots de IA para redactar ensayos y resolver problemas complejos en segundos, una nueva investigación del MIT Media Lab lanza una advertencia alarmante: la dependencia de estas herramientas podría estar “apagando” literalmente partes de nuestro cerebro.
El estudio, liderado por la investigadora Nataliya Kosmyna, analizó la actividad neuronal de individuos mientras realizaban tareas de escritura con y sin el apoyo de modelos de lenguaje como ChatGPT. Los resultados sugieren que delegar nuestro pensamiento a la Inteligencia Artificial (IA) tiene un costo biológico y cognitivo que apenas estamos empezando a comprender.
La “atrofia” del pensamiento crítico
A través de electroencefalogramas (EEG), los científicos del MIT observaron que los usuarios que utilizaban IA mostraban una reducción significativa en la conectividad neuronal, específicamente en las ondas alfa y beta, asociadas con el enfoque, el procesamiento de información y el compromiso cognitivo.
“Lo que observamos es un estado de ‘sub-compromiso’ neural”, señalan los investigadores. En términos sencillos, cuando la IA hace el trabajo pesado, el cerebro humano entra en una especie de estado pasivo.
El estudio reveló datos preocupantes: el 83.3% de los usuarios de ChatGPT no pudieron recordar ni una sola cita de los ensayos que habían “escrito” apenas unos minutos antes.
Además, los participantes que dependieron de la IA mostraron un desempeño lingüístico y conductual inferior en comparación con aquellos que usaron métodos tradicionales de búsqueda o su propio razonamiento.
Aquellos que se acostumbraron a la IA y luego fueron obligados a escribir por su cuenta rindieron peor que las personas que jamás habían utilizado estas herramientas, sugiriendo que la habilidad para generar ideas propias se debilita con el desuso.
Trabajar el músculo
Kosmyna decidió publicar estos hallazgos incluso antes de completar el proceso de revisión por pares, motivada por la rapidez con la que estas herramientas se están integrando en las escuelas. “Me aterra que en unos meses algún legislador decida implementar un ‘Kindergarten de GPT'”, afirmó en declaraciones a la BBC.
“Los cerebros en desarrollo son los que corren mayor riesgo de sacrificar su crecimiento a largo plazo por una conveniencia inmediata”.
La investigación compara el uso excesivo de IA con el uso innecesario de una silla de ruedas: si dejas de usar tus músculos porque algo más te mueve, tus piernas eventualmente se atrofian. En este caso, el “músculo” afectado es la capacidad de síntesis, la memoria de trabajo y la curiosidad intelectual.
Una herramienta, no un reemplazo
El informe no sugiere que la IA sea intrínsecamente mala, sino que su uso actual está “robando oportunidades para el ejercicio mental”. Al igual que el GPS nos hizo perder la habilidad de leer mapas pero nos permitió llegar a lugares nuevos, la IA podría liberarnos para tareas creativas superiores, pero solo si no permitimos que sustituya los procesos básicos de aprendizaje.