
Se cumplen cinco años de la muerte de Charlie Watts, el legendario baterista de The Rolling Stones, quien falleció el 24 de agosto de 2021 a los 80 años en Londres. Su elegancia, sobriedad y pulso inconfundible marcaron casi seis décadas de historia en el rock mundial.
Ingresó a la banda en 1963 y se mantuvo como su motor rítmico hasta el final de sus días. Aportó un estilo único influenciado por el jazz, alejado de los excesos típicos del rock. Aunque mantuvo un bajo perfil, es recordado por Mick Jagger y Keith Richards como el verdadero ancla y líder silencioso del grupo.
Watts era el hombre que mantenía el equilibrio en una banda construida sobre el desequilibrio. El que podía soportar los excesos de Jagger y Richards sin dejarse arrastrar por ellos. Su batería no buscaba protagonismo: sostenía las canciones. Había aprendido el oficio en el jazz y llevó esa escuela a una banda que necesitaba precisamente eso, alguien capaz de escuchar antes que de imponerse.

También estaba su personalidad, casi una anomalía dentro de los Rolling Stones. Mientras sus compañeros alimentaban durante décadas el imaginario del sexo, las drogas y el rock and roll, Watts prefería los trajes, el jazz, los caballos y una vida privada bastante más discreta. No necesitaba incendiar un hotel para demostrar que era un Stone.
Y quizá ahí estaba su autoridad. Watts no era el jefe porque gritara más fuerte, sino porque no necesitaba hacerlo. Cuando Jagger y Richards se enfrentaban, él era una de las pocas personas capaces de permanecer al margen del teatro de los egos. Su papel consistía en algo mucho más importante: recordar que, antes que una leyenda, los Rolling Stones eran una banda.
Por eso su muerte fue también el final de una determinada manera de entender el grupo. Los Stones pueden continuar sin Charlie Watts. Lo han demostrado. Pero ya no tienen al hombre que durante casi seis décadas convirtió el caos en música.