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Ciberataques al sistema de agua en siete estados de EE. UU.

Los ciberataques encendieron las alarmas sobre la vulnerabilidad de una infraestructura crítica y han abierto un nuevo frente en la creciente tensión entre Washington y Teherán. Aunque los expertos consideran que Irán figura entre los principales sospechosos, las autoridades locales insisten en que aún no existen pruebas concluyentes para atribuir la ofensiva.

Ciberataques al sistema de agua en siete estados de EE. UU.

La alerta comenzó en Minnesota, donde las autoridades informaron que más de 30 sistemas públicos de agua habían sido objeto de un “ciberataque coordinado”.

Días después, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) confirmó que incidentes similares habían sido reportados en al menos siete estados y advirtió que parte de la actividad afectó negativamente las operaciones de suministro de agua.

Aunque las autoridades han subrayado que no existen evidencias de contaminación ni de alteraciones que hagan insegura el agua para el consumo, los ataques obligaron a reforzar la vigilancia sobre instalaciones encargadas de controlar procesos como la presión del liquido vital y la dosificación de productos químicos.

Minnesota fue el primero en hacer públicos los incidentes y posteriormente Míchigan confirmó que algunos de sus sistemas también registraron actividad compatible con los ataques descritos por las agencias federales.

¿Qué se sabe sobre la posible participación de Irán?

La principal incógnita sigue siendo quién está detrás de la ofensiva.

De acuerdo con medios estadounidenses, la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad (CISA) investiga una posible conexión con actores iraníes, aunque el organismo no ha confirmado oficialmente esa hipótesis.

Expertos consultados por la ‘BBC’ consideran que Irán encabeza la lista de posibles responsables debido al contexto geopolítico y a su historial de operaciones cibernéticas contra infraestructuras occidentales.

Morgan Wright, exasesor antiterrorista del Departamento de Estado, sostiene que este tipo de ataques suele asociarse con Corea del Norte o Irán y que el actual conflicto entre Washington y Teherán hace que la República Islámica aparezca como uno de los posibles autores.

Sin embargo, las autoridades también analizan otra posibilidad: que los responsables hayan intentado simular un origen iraní para aumentar la tensión internacional y desviar la investigación, una práctica conocida en el ámbito de la ciberseguridad como una operación de falsa bandera.

Por ahora, el Gobierno estadounidense no ha realizado una atribución oficial y los investigadores reconocen que este tipo de procesos suele requerir meses para reunir pruebas forenses concluyentes.

Un choque político en plena investigación y un patrón que alimenta las sospechas

La incertidumbre sobre el origen de los ataques también se trasladó al terreno político.

El presidente Donald Trump rechazó públicamente responsabilizar a Irán y atribuyó lo ocurrido a la supuesta incompetencia de las autoridades de Minnesota, encabezadas por el gobernador demócrata Tim Walz.

Walz respondió que el mandatario conoce quiénes son los principales sospechosos y recordó que otros estados también han sido afectados, describiendo el episodio como una muestra de “cómo luce la guerra moderna”.

Mientras tanto, funcionarios federales citados por medios estadounidenses sostienen que Irán continúa siendo la principal línea de investigación, aunque insisten en que la evaluación sigue siendo preliminar.

Las sospechas sobre Teherán no surgen únicamente del contexto actual.

En los últimos años, agencias estadounidenses han atribuido a grupos vinculados con Irán múltiples campañas de espionaje y sabotaje digital dirigidas contra infraestructuras críticas, campañas electorales, hospitales, instituciones financieras y sistemas de agua.

Entre ellos destaca Handala, un grupo que el Departamento de Justicia de Estados Unidos relaciona con el Ministerio de Inteligencia iraní.

Según ‘BBC Verify’, este colectivo reivindicó recientemente un ataque contra una planta de tratamiento de agua en California como represalia por acciones militares estadounidenses contra infraestructura hídrica iraní.

Además, la CISA ya había advertido en 2023 y 2024 sobre ataques a sistemas de agua potable atribuidos a grupos afiliados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

La República Islámica, por su parte, no se ha pronunciado sobre los incidentes más recientes y ha rechazado reiteradamente en ocasiones anteriores cualquier implicación en este tipo de operaciones, exigiendo pruebas cuando ha sido señalado por Washington.