
La escenografía, que proyecta un Puerto Madero nocturno y cinematográfico, es la fábrica textil Sottovoce, que da título a la obra y también al argumento.
Esos secretos que las familias se empeñan en esconder bajo la alfombra, y que afloran cuando menos se los esperan para desatar una hecatombe en una sola noche.
En el caso de ellos, la venta o no de la empresa familiar desnuda miserias y pone en tela de juicio las convicciones y los afectos.
La obra apela una vez más al humor como antídoto ante los golpes y zancadillas que ofrece la realidad.
De la misma manera que lo hacen en la vida real, tan parecida y tan diferente a la del escenario.