Lucas Hortiguera, conocido artísticamente como Saint Luky, se ha consolidado como el referente del diseño textil artesanal dentro de la industria musical urbana en Argentina. Desde su taller en el barrio de Almagro, el diseñador de 27 años transforma técnicas tradicionales de tejido en piezas de vanguardia que han sido utilizadas por figuras de relevancia internacional como Cazzu, María Becerra y La Joaqui.
El origen de su marca se remonta a una influencia familiar directa. Hortiguera aprendió las bases del tejido observando a su abuela, a quien le pedía bufandas durante su infancia. “Yo le pedía bufandas cuando era chico y las llevaba al colegio chocho”, recuerda el artista al describir el inicio de su vínculo con la lana y las agujas.
Aunque inicialmente consideró cursar la carrera de arquitectura, su trayectoria viró hacia el diseño textil en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) en 2019, donde identificó al crochet como su técnica principal de expresión.
La inserción de Saint Luky en la escena pop y urbana argentina ocurrió de manera orgánica durante el año 2020. El diseñador explica que el descubrimiento de la estética en videoclips de música nacional fue el catalizador para su proyecto profesional. “Vi un videoclip de Cazzu y ella estaba usando unos pantalones naranjas de una marca nacional”, señala, identificando ese momento como el punto donde comprendió que era posible construir una identidad estética propia dentro del circuito local.
Uno de los hitos técnicos más destacados en su carrera reciente fue la confección de accesorios para María Becerra en su presentación en el estadio de River Plate. Para este evento, Hortiguera expandió su producción habitual hacia el calzado: “Le hice accesorios a ella y a la hermana: un casquete para la cabeza, medias y zapatillas. Fue la primera vez que hice calzado, adornando una base existente”. Esta colaboración reafirmó su capacidad para adaptar el trabajo manual a las exigencias de espectáculos de gran escala.
La filosofía de Saint Luky se basa en la resignificación de lo artesanal. Para Hortiguera, su trabajo consiste en tejer “fantasías para aquellos que no tienen miedo a robarse todas las miradas”. Con una comunidad de más de 80,000 seguidores en plataformas digitales, el artista sostiene que el valor de sus prendas reside en las terminaciones manuales y en la capacidad de generar emociones tanto en el artista que las viste como en el público que las observa.
“Vestir a artistas es la parte que más me gusta de mi trabajo, por saber que eso lo va a ver el público”, concluye.