La utilización de las bombas de racimo alteró la geopolítica, una vez más.
Mientras que la Casa Blanca anunció el envío a Ucrania de este armamento prohibido por una convención internacional (ratificada por más de 100 países), rápidamente llegó la respuesta rusa.
Las bombas de racimo son cuestionadas por organizaciones de Derechos Humanos ante el gran daño que pueden generar entre la población civil.
“Fue una decisión muy difícil para mí. Y, por cierto, lo hablé con nuestros aliados, lo hablé con nuestros amigos en el Capitolio”, dijo el presidente de los Estados Unidos Joe Biden al justificar la medida, y añadió: “Los ucranianos se están quedando sin munición”.
Pronto Rusia se hizo escuchar: “Que Estados Unidos decidiera entregar municiones de racimo a Ucrania es una escalada en el conflicto que aproxima al mundo a una nueva guerra mundial”, declaró el embajador ruso en Washington, Anatoli Antonov.
Ante un grupo de periodistas, el diplomático ruso señaló que si ya antes no había dudas de la “profunda implicancia de EEUU” en el conflicto, con la entrega de este tipo de armas “Washington sigue subiendo las apuestas”.
“El nivel actual de las provocaciones de EEUU de verdad está pasando de la raya”, sostuvo.
Pese a todo, el funcionario expresó su confianza en que el “bombeo” de armas occidentales al régimen de Kiev no afectará a la consecución de los objetivos de la operación militar especial rusa”.
“Las municiones de racimo son un gesto de desesperación. Tal medida demuestra que EEUU y sus satélites son conscientes de su impotencia”, dijo Antonov, refiriéndose a los fracasos de la contraofensiva ucraniana.
La entrega de este tipo de municiones simplemente aumentará la cantidad de víctimas y “prolongará la agonía del régimen de Kiev“, señaló.
Además, condenó la “inhumanidad”, la “brutalidad” y “el cinismo” del gobierno de Washington, al que responsabilizó por las futuras víctimas civiles a causa de las bombas de este tipo que no exploten.
¿Qué son las bombas de racimo?
Se usaron por primera vez durante la Segunda Guerra Mundial y pueden emplearse en cohetes, bombas, misiles y proyectiles de artillería. Tras ser lanzadas, estas municiones se abren en pleno vuelo, esparciendo muchas minibombas sobre una amplia zona.
Los críticos argumentan que cuando estas submuniciones se dispersan, pueden mutilar y matar a civiles, a lo que se une el riesgo asociado a los proyectiles sin estallar, que representan un peligro durante años.
Debido a la incidencia letal de estas armas en la población civil, 123 países adoptaron en 2008 una convención que prohíbe el uso de las bombas de racimo. Cabe destacar que 111 naciones son parte del convenio, mientras que solo 12 son firmantes.